"RAPSODIA PARA RECLUTAS ASUSTADIZOS"

Sígueme en Twitter: https://twitter.com/Carlos_Polo_



domingo, 27 de noviembre de 2016

En Barranquilla se habla así


Barranquilla
De acuerdo con el libro ‘Sociolingüística urbana’, escrito por dos lingüistas barranquilleros, las palabras vaina, nojoda, man, nombe, pelá, loco son las más usadas en buses y paraderos.
“Eche, nojoda, ese man es que pone pereque con esa vaina, loco”
En cualquier otro lugar hispano parlante por fuera de esta esquina del Caribe la anterior frase no tendría ningún sentido, pero para un barranquillero nato no pasaría desapercibido que está compuesta, por lo menos, por cinco de las palabras más usadas en la oralidad cotidiana de los habitantes de Curramba.
Para un currambero de esos de Carnaval, sancocho, dominó y frías en la esquina, una afirmación como “ese jovencito ha estado todo el día descalzo” sonaría a floritura, comparada con la expresión local que dice lo mismo, pero en lenguaje ‘quillero’: –Ese pelao se la ha pasao todo el día a pata pelá.
De acuerdo con el libro Sociolingüística Urbana de Barranquilla, escrito por los lingüistas Alejandro Espinosa y Adelaida Salcedo, publicado por la Universidad Autónoma, las palabras vaina, nojoda, man, marica, nombe, pelá y loco están entre las más usadas por los residentes en la capital del Atlántico, también llamada Curramba, La Arenosa o Quilla, según los gustos, usos y desusos generacionales.
La investigación logró identificar, a través de grabaciones en buses y paraderos de las rutas de Sobusa, un cuadro estadístico en el que quedó plasmado cómo el barranquillero, independientemente de raza o estrato, ha desarrollado un modo particular de entender y plasmar el lenguaje en su cotidianidad.
Tomando como punto de partida este ejercicio académico, EL HERALDO realizó recorridos en las mismas rutas e incluso amplió el espectro, recogió impresiones, expresiones y conversaciones no solo en buses sino en las aceras del Centro, universidades, paraderos y centros comerciales, para tomarle el pulso a las dinámicas urbanas de nuestra manera particular de comunicarnos.


Viaje en bus a 38 grados
‘Nevada’ de los buses de Sobusa, calle 63 con carrera 3, barrio La Central, en Soledad. El viejo bus de Granabastos, más conocido como el ‘Tren de Granabastos’ o el ‘Pequeño Metro’ porque recorre la ciudad de sur a norte y viceversa, inicia su largo camino completamente vacío. Ricardo Arroyo, su conductor, un hombre que lleva al volante de estas viejas naves por lo menos 19 años, recuerda que las palabras que más escucha en los recorridos son “nojoda y cipote vaina”; “¡qué calor o cipote fogaje”.
“La gente generalmente es amable, pero cuando no les das la parada donde ellos quieren, o le mientan la madrea a uno o nos echan vainazos como: ‘¿Entonces qué?, me vas a llevar pa’ tu casa’”, expresa Arroyo. “Antes  –agrega– la gente conversaba más, pero ahora van pendientes de sus celulares”.
Lentamente, el autobús ‘navegaba’ el mar urbano de Barranquilla y nosotros iniciábamos la observación como espía de conversaciones ajenas, bajo un inclemente clima, a no menos de 38 grados, que empezó resbalar literalmente por el cuello convertido en gotas de sudor. En el barrio soledeño de Las Moras comenzaron a llenarse las sillas.
–Nojoda, no sé qué voy a hacer con esta boca pelá. ¡Uff, qué calor!
Así le comentaba una joven a su compañera de viaje lo que sentía con su boca lastimada y la alta temperatura, mientras, poco a poco, el automotor buscaba el norte de la ciudad. Solo el par de jovencitas conversaba a sus anchas, porque el resto de pasajeros iba ensimismado en los teléfonos o escuchando música con audífonos.
El máximo exponente del gospel pop criollo, Alex Campos, amenizaba con sus oraciones cantadas el trayecto, dejando escapar su voz por los parlantes del bus: “Al taller del maestro vengo...”.
–Es que esa vaina se ve espectacular-. Le decía otra joven a su compañera de puesto respecto a un tipo de labial sugerido por su acompañante.  –Lo que yo recomiendo es siempre 1A.
Solo había transcurrido media hora de camino y las palabras “nojoda” y “vaina” se habían mencionado no menos de cinco veces en las pocas conversaciones escuchadas, validando la investigación de Espinosa y Salcedo.
De acuerdo con Espinosa, para los barranquilleros “vaina” reemplaza la “palabra que no se tiene en el momento” y se convierte en un “soporte o apoyo”, al punto de que “puede ser cualquier cosa u objeto”. “Por ejemplo: ‘Pero esa vaina fue cule parranda’; ‘¿esa vaina qué es?’; ‘por esa vaina yo me muero’”.
Explica que fueron más de 50 horas de grabación en buses y paraderos durante la investigación realizada entre 2010 y 2012. El libro fue publicado en 2013.
“Nojoda” se interpreta desde diferentes conceptos y acepciones, como exageración, duda o pregunta, comenta. “Expresa una intención comunicativa con fuerza emotiva, lo que hace que la comunicación se haga más dinámica y espontánea: ‘Nojoda la falla fue mía’. ‘Nojoda, ese man es más saludable que un Alka-Seltzert’. ‘Nojoda, tronco ‘e vieja’”, expresa el lingüista.
Pero, ¿por qué hablamos así? Alejandro Espinosa asegura que es por el contexto, por nuestra ubicación geográfica. “Los que vivimos en el Caribe tendemos a esa representación lingüística que es muy espontánea, lo que permite que tengamos nuestra propia significación, nuestra propia fonética y gramática”, apunta.
–Esa vaina antes no estaba así, pero mi mamá le cayó el tema y, ajá, qué se puede hacer- dice, en otro momento de su conversación, la joven que viajaba en la fila izquierda del bus de Sobusa.
–Y después esa vaina se pone peor-, le respondió su compañera de puesto.
En nuestro primer muestreo en el Sobusa logramos apreciar que, como lo anticipó el conductor Ricardo Arroyo, el acceso a la tecnología, puntualmente a los teléfonos inteligentes, ha fracturado, casi que eliminado, las relaciones interpersonales en los buses. Hoy la gente conversa menos porque va conectada a Internet, wasapeando, mirando Facebook o escuchando música.
El paradero
En medio del calor de la media mañana, en los paraderos las personas interactúan de forma espontánea y más si se trata de jóvenes estudiantes.
–Nojada, cule filo que hace, a esta hora, lo que tengo es ganas de un cule poco de arroz, carne y tajá, y un vaso de agua e’ panela bien fría y después a dormí-. Quien habla es un estudiante de la Universidad del Atlántico (hasta donde llegó nuestro viaje, luego de hora y media de recorrido), acompañado en el paradero de buses de la sede norte por varios compañeros.
–Pagó, vamos a hacer el trabajo porque viene el profe y nos da es palo-, le responde uno de ellos, pero el joven de la idea de ir a comer asegura: –Primero vamos pa’ esa, pa’ el arroz.
Espinosa comenta que esta manera de expresarse es dialectal, sociolectal, porque, reafirma, “muestra cómo se comunica el costeño en general”.
El profesor explica que lo sociolectal es la manera como un grupo menor hace uso de la lengua en condiciones específicas y lo dialectal hace parte de algo más macro y general que se da por región.
El conductor Rafael Baena, con 16 años de experiencia, destaca que las expresiones que a menudo escucha en sus trayectos son “¡aguanta! o ¡hey!, ¿pa’ dónde me vas a llevar? O ¡cule calor que hace aquí loco!”.
Ampliando el espectro: Paseo Bolívar
El Centro de Barranquilla es una zona donde la actividad conversacional es constante y frenética debido al gran flujo de personas que allí convergen a diario.
Para la asesora de ventas Kelly Solano, la palabra más usada por los barranquilleros es “ñerda” y, en ese orden, le siguen “¡qué vaina! y ¡carajo!”.
La también vendedora Mónica López considera que son “caramba”, “nojoda” y “erda”. Como puede apreciarse, vaina y nojoda están presentes tanto en las expresiones personales como en las apreciaciones personales.
–Viejo man, te voy tirar un dato: el otro día me pillé a esa pelá y nos encerramos en un motel y eso fue... nojada loco, ni pa’ que te cuento.
–¡Jura!, nojoda te dio la lora entonces, eche.
Fue la primera conversación escuchada en una de las esquinas del Paseo Bolívar.
–El pelao estaba ahí. Yo no lo conozco bien, pero me hizo la vuelta.
–Nojoda es que tiene que ser así, socio, porque de lo contrario eso seguía demorao.
Así conversaban otras dos personas frente a la Alcaldía.
Espinosa ratifica que el hablar de los barranquilleros es “espontáneo, no acepta depuraciones fonológicas o discursivas y, además, es relajado. “Los costeños nos comemos letras, aspiramos la ‘s’”, detalla.
El lingüista y profesor de la Uniautónoma también destaca que uno de los resultados más importantes del estudio fue identificar cómo las palabras, en un momento determinado, toman fuerza gracias a la producción, a la circulación de los hablantes.
Explica que a eso se le llama “momento diantropológico”, que es como el arranque en el uso de determinada palabra. “Es cuando una palabra empieza a tomar fuerza entre los hablantes para convertirse en un signo con sentido, con significación, es lo que el lingüista Eliseo Verón llamaba los discursos sociales, que se gestan a partir de un hecho determinado. Aquí juega un papel importante la espontaneidad”, subraya.
Para el comerciante Rafael Barrios “bacano” es la palabra de más uso entre sus conocidos. “Eso es del uso común del pueblo y significa que algo está bueno”, comenta.
Karen Cubillos, estudiante de Psicología, está completamente segura de que la palabra más usada en Barranquilla es “nojoda”. “La usan para mostrar asombro, para expresar rabia o admiración. Es como un comodín que sirve para todo. Tiene muchos usos”, apunta.
En la U
Los estudiantes a la salida de las universidades interactúan de forma espontánea, sin embargo la conversación en este punto varía de foco y de sentido: –Nojoda loco, ¿qué?, estabas perdío.
–Nombe, nada. Tenía unas materias embolatadas y me tocó también hacer un viaje. El diálogo lo sostenían dos universitarios que esperaban un pedido de arepas asadas en una venta frente a la Universidad Simón Bolívar.
Otros dos, una universitaria que se despedía de su compañero, hablaban en otros términos: –No te pierdas y háblame por whatsapp o por el face. Es que tú te pierdes mucho.
–Ajá, pero si yo no te tengo.
–¿Cómo así? Claro, hace rato que te tengo agregada.
–La verdad no me acuerdo, pero, bueno, escríbeme.
Su diálogo es una muestra del universo lingüístico conectado con las nuevas tecnologías y las redes sociales.
En el centro comercial
Ir a un centro comercial se ha convertido es uno de los planes más recurrentes de los barranquilleros para distraerse. Para ellos es la segunda actividad más preferida después de ir a la playa, de acuerdo con la encuesta de Barranquilla Cómo Vamos.
En estos sitios la interacción se da tanto en el interior como en las afueras.
–No entiendo cómo Santos le aguanta tanto a Maduro, si ese man es un torcido.
–¿Más? Cule fariseo que es la figurita esa.
Esta vez las afirmaciones eran expresadas por dos hombres entrados en años que, sentados en las afueras de un centro comercial, hablaban de la dinámica geopolíticas de la región y de la crisis binacional con Venezuela.
–Nojoda uno no sabe qué es lo que pasa, pero esos contadores van más embalaos que Montoya. –¿Y por cuánto te llegó el recibo? –La maricaíta de 200 mil barras. –Muy caro. Esa gente cree que a uno le regalan la plata.
Los dos trabajadores que acababan de soltar turno se toparon con la noche y rumbo a sus casas, en las afueras del centro comercial, llevando a cuesta las preocupaciones cotidianas de los trabajadores barranquilleros.
Alejandro Espinosa dice que la forma en que nos expresamos en esta urbe es una manera de “buscar una identificación lingüística”, de poner la lengua en contexto. “Es lo que nos representa y nos muestra como una unidad diferente ante otras latitudes”.
El barranquillero se reconoce como alguien que “habla con emoción y pasión y que, a la vez, gesticula como con ritmo”. El ‘quillero’ defiende que le “imprime un tumbao” y un no sé qué de sal-pimienta a la hora de hablar con “desparpajo y frescura natural”. Por eso los profesores Alejandro Espinosa y Adelaida Salcedo, como el decir callejero, aseguran que a la hora de hablar el barranquillero lo que hace es bailar con las palabras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario