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El caballito, una marca, un sello personal imposible de imitar | El Heraldo


Con la prematura partida del coloso, se fueron con él muchos secretos, melodías, historias. Entre ese complejo universo personal que formó su carácter, su singularidad y su genio, el Joe, se inventó su grito de batalla, su sello personal, ese sonido particular que escapaba de su garganta y que él mismo bautizó como el caballito. Como un corcel negro y brioso, Joe Arroyo registró su relincho distintivo y este se convirtió en su marca registrada.

Explica Mauricio Silva en su libro ‘El centurión de la Noche’ en palabras del mismo Joe cómo descubrió ese singular sonido. “Eso me salió en la playa, cantando contra el viento, porque esa es la manera de crear resistencia en la voz. Así nació y sí, es una contracción de la garganta, este es mí sello, muchos lo han tratado de imitar”.

Juventino Ojito, compañero de tarimas y luchas, recuerda cuando el maestro le habló sobre el tema. “Él me contaba que desde muy niño empezó con la idea de la imitación de un caballo y que era una distracción: Pero ese divertimento se le fue convirtiendo en una cosa que sentía que la podía incluir en sus grabaciones.

También tengo entendido que alguien alguna vez le dio unos tips que era colocarse unas piedritas bajo la lengua y eso lo practicó él”.

Chelito de Castro cuenta que esa característica especial, ese toque particular, era parte de la magia del Joe y que por consecuencia no ha podido ver a nadie que lo pueda hacer igual. “He conocido muchos que tratan de imitarlo, que les sale parecido, pero no. Siempre que tocábamos Echao pa’ Lante el Joe lo soltaba.

Eso tenía que hacerlo sin abusar porque, eso requiere de cierto esfuerzo”.

Para Julio Estrada, el entrañable Fruko, ese fenómeno era único, irrepetible, algo que se le daba al Joe desde dentro, desde la misma esencia. Le nacía de manera innata.

“ Yo estuve de cuerpo presente en los estudios de grabación. Estábamos grabando El Ausente, yo le digo Joe, di algo y al Joe se le ocurrió grabar esa genialidad. Eso es de índole espiritual, como el grito de Tarzán, nada de piedras en la boca, se hubiera cortado u ahogado, ja, ja, ja, ja”.

Por ahora la técnica se fue con el maestro y nada se pierde con intentarlo.

¡Jiiiiiiiiiiiiiiaa!

Por Carlos Polo

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